Pan de avena con semillas y salvado
Este es un pan para hacer sin demasiadas vueltas y aprender a mirar lo que estamos haciendo.
La avena, el salvado y las semillas le dan una textura más rústica, una miga con cuerpo y un sabor diferente al de un pan de trigo normal.
Y justamente de eso se trata. No estamos intentando reemplazar al pan de trigo ni hacer de cuenta que la avena funciona igual. Estamos haciendo pan de avena. Otra cosa.
Las cantidades que aparecen acá son una guía. La harina de avena puede absorber más o menos líquido según cómo esté molida, cuánto tiempo lleve almacenada y también según la humedad del día. Por eso, en esta receta hay algo más importante que seguir los númeritos al pie de la letra: aprender a reconocer la textura que buscamos.
Preparación
Mezclar ingredientes secos
En un bowl grande mezclá la harina de avena, el salvado, las semillas y la sal.
Preparar la levadura
En otro recipiente colocá unos 250 ml de agua tibia, la levadura y la miel. Mezclá y dejá reposar unos minutos.
Agregar huevos y aceite
Agregá los huevos y el aceite a la mezcla de levadura y mezclá otra vez.
Unir las mezclas
Incorporá los líquidos al bowl de los ingredientes secos y mezclá con una cuchara o espátula.
Ajustar la textura
La preparación debe quedar húmeda y espesa, pero no líquida. No va a formar una masa elástica que puedas amasar con las manos. Tiene que ser una mezcla que puedas revolver y luego colocar en el molde con una cuchara o espátula. Si la ves demasiado seca, agregá un poco más de agua, de a una o dos cucharadas. Si está muy líquida, no corras inmediatamente a agregar harina. Dejala descansar 10–15 minutos y volvé a mirarla. La avena y el salvado van a seguir absorbiendo líquido y la consistencia puede cambiar bastante durante ese tiempo. Suena repetitivo pero... la textura es la que manda.
Al molde
Aceitá un molde para pan de aproximadamente 22 × 10 cm. Volcá la preparación y emparejá la superficie con una cuchara o espátula húmeda. Si querés, podés terminar con algunas semillas por encima.
Dejar reposar
Cubrir y dejar reposar en un lugar tibio durante aproximadamente 45–60 minutos. No esperes que duplique su tamaño como un pan de trigo. La masa puede crecer de manera más discreta y eso está re bien.
Hornear
Precalentá el horno a 180 °C. Horneá durante aproximadamente 40–45 minutos. El pan debería verse dorado y sentirse firme en la superficie.
Enfriar y servir
Sacalo del molde y dejalo enfriar completamente sobre una rejilla antes de cortarlo. Sí, ya sé que cuesta esperar. Pero si lo cortás demasiado caliente, la miga puede parecer más húmeda y apelmazada de lo que realmente está.
- Las cantidades que damos son orientativas. Tu harina no es exactamente igual a la nuestra. Tu horno tampoco. Ni el tamaño de tus huevos, ni la humedad de tu cocina. Cocinamos con los ojos, con las manos y con un poco de intuición.
- La textura es la que manda. No busques una miga elástica ni grandes agujeros como en un pan de trigo. Este es pan de avena: una miga tierna, húmeda y compacta, con una textura rústica por el salvado y las semillas.
- Podés usar las semillas que tengas: girasol, calabaza, sésamo, lino, chía... No hace falta tener todas. Usá las que más te gusten o las que tengas a mano.
- Para que esta receta sea apta para personas celíacas, utilizá harina de avena y salvado de avena certificados Sin TACC y verificá que la levadura y cualquier otro ingrediente industrial utilizado cuenten con la certificación correspondiente. Además, evitá la contaminación cruzada utilizando utensilios, superficies y recipientes que no hayan estado en contacto con alimentos con gluten.
¿Cómo conservarlo?
A temperatura ambiente, en un lugar fresco y seco, se conserva bien durante 2 días aproximadamente. Si hace mucho calor o hay bastante humedad, es mejor guardarlo en la heladera.
En la heladera puede conservarse durante 4–5 días, aunque la miga puede ponerse un poco más firme. Unos minutos de tostadora y vuelve a quedar de re chupete.
También podés cortarlo en rebanadas y congelarlo. Separá las rebanadas para poder sacar solamente las que necesites y guardalas bien cerradas. Se conserva en el freezer durante 2–3 meses.
Y una recomendación sencilla: si ves humedad excesiva, moho o sentís un olor extraño, descartalo Mabel.